Había varias chaquetas colgadas detrás de la puerta. Algunas eran antiguas, adquiridas para andar por casa. Otras, se acababan de incorporar desde el armario, desgastadas por el uso, pero no lo suficiente como para desprenderse de ellas. Al observarlas desde la cama pensó que bien podían esas chaquetas contar su paso por la vida en la última década. Cada momento de llegada, de partida, de espera. Cada despertar o cada noche prolongada. Todas ellas poseían recuerdos muy valiosos. Eso la reconfortó. La hizo aferrarse a algo para combatir los oscuros pensamientos acampados en su cabeza. El solo hecho de planear escribirlo la llenó de una sensación cercana a la calma.

Qué insistente es la soledad cuando se empeña en meterse con una. Qué abrumadora es la mirada callada, la inquietud sin respuesta, la mente suelta por los pasillos oscuros de una casa cerrada. Y qué alivio, se dijo. Qué alivio, poder calmarse con el sonido de las teclas moldeando cada palabra, diciendo lo que la mirada calla, lo que la inquietud anhela, lo que la mente busca en esos pasillos oscuros de una casa cerrada. Seguiría habiendo chaquetas colgadas detrás de la puerta de su habitación y seguiría, por qué no, existiendo la esperanza de escribir el testimonio de su existencia en cada noche prolongada.

© 2021. Patricia Bernardo.

Imágen: “Contemplación” de Alejandra Caballero. https://alejandracaballero.eu/obra/2005-2010

Un comentario en “Noches prolongadas

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