Mi viaje por el 2019

Mi viaje por el 2019

 

Hay años que deberían estar prohibidos, pero aún no hemos llegado a esa distopia (todo se andará). El 2019 ha sido uno de esos, que bien podría anotarse en los anales de mi historia personal como el más desastroso. Pero a fin de cuentas la vida es eso: un poco de drama, un poco de humor… Y aquí estoy yo para narrarlo. Los que me conocéis ya sabéis que suelo hablar en clave de películas, de series, libros o música, para tratar cualquier tema cotidiano. Son mis referentes, mi fuente de inspiración y el mejor bálsamo contra el dolor. Así que el cierre del 2019 en “Hemingway tenía razón” no podía ser de otra forma que haciendo un repaso de los momentos mejores que me hicieron sobrellevar los más agridulces.

Comenzamos el repaso. El orden es lo menos importante:

 

  1. La última temporada de “Juego de Tronos” (HBO). La vi desde el ordenador, en casa de mi madre, convaleciente después de la operación del cáncer de pecho. ¡Qué momentos!

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2. Escribir “Detectives Urbanos” tres relatos sobre personas que espían a otras y que presenté como trabajo fin de master de Creación Literaria con  la Universidad VIU de Valencia. Pensaba que sería imposible terminarlo, dadas las circunstancias, pero Pedro Ángel Palou, mi director me dijo: “¿Y por qué no te lo tomas como un spa literario?” Y así lo hice. Todos los días escribía. Era como vivir mis propias aventuras, igual que cuando estaba enferma de pequeña y me inventaba historias. Sin darme cuenta terminé el proyecto y ahora tengo pensado continuar. Aunque algunos me hayan desanimado porque es algo demasiado “independiente”, voy a seguir con mis relatos y algún día los publicaré, no sé si con este título o con otro.

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Foto: Grafiti de Spikiex3 (Jerzy Majkut)

3. La publicación de mi relato “Yo solo quiero estar contigo” en La Nueva España, dentro del apartado “Visiones de la ciudad” (lo podéis leer dentro del almacén del blog). Fue el domingo 2 de junio de 2019. El día que lo entregué acababa de recibir una muy buena noticia: no me tenían que dar quimioterapia. Es el resultado de las notas que fui tomando en mis paseos por Oviedo durante el mes de mayo, que vino cargado de sol y me ayudó a recuperar fuerzas.

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Foto: Yo. Domingo 2 de junio de 2019. Plaza del Paraguas de Oviedo.

4.  La tercera temporada de “Paquita Salas” (Netflix). Cuando estaba más desanimada y cansada llegó de nuevo Brays Efe, para hacerme sonreír. Gracias a Javier Calvo y Javier Ambrosi por hacer que esta maravillosa serie exista.

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5. La serie británica “Fleabag” (Amazon Prime). De la escritora y actriz Phoebe Waller-Bridge. Indiscutible ganadora de los Emmy 2019. Humor inglés, originalidad y unos personajes enormes. Os la recomiendo si no la habéis visto aún porque es genial.

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6. No hay nada mejor para las noches de insomnio que un buen libro. Leer ayuda a viajar por dentro, a reconciliarse con uno mismo cuando crees que te has perdido. Los libros son mi brújula. “Manual para mujeres de la limpieza” y “Una noche en el paraíso” de Lucía Berlín fueron dos grandes compañeros nocturnos. Me enamoré del sentido del humor de Lucía Berlín y su forma de escribir, tan viva y chispeante hasta para describir situaciones dramáticas. Así que tengo que dar las gracias encarecidamente al profesor del Master de Creación Literaria (no diré su nombre) que comparó mis relatos con los de esta mujer (un honor), aunque no fuese con la intención de aplaudirme, sino de criticar mi estilo poco comercial. Leer a Lucía Berlín me reafirmó y también alimentó mi curiosidad por descubrir a más escritoras de relatos. “¿Quién te crees que eres?” de Alice Munro (premio Nobel de Literatura 2013) fue el siguiente. Con un estilo totalmente distinto que la anterior, me embaucó poco a poco hasta quedar prendada de ella.

7. La colección de Éric Rohmer que Filmin ha seleccionado. Especialmente cuatro películas: “Pauline en la Playa”, “El rayo verde”, “La coleccionista” y “Las noches de la luna llena”. Porque él habla sobre las personas, sobre cosas cotidianas de las parejas, amores y desamores, que nos siguen pasando ahora, pero en un marco temporal distinto.

8. “The Durrells” (Filmin). ¿Habéis leído “Mi familia y otros animales”? Yo sí. Me lo dejó una amiga hace muchos años, y fue una de esas novelas maravillosas que se quedó en mi corazón para siempre. Su autor y protagonista, el naturalista Gerald Durrell, escribió otras dos novelas más incluidas dentro de la denominada “Trilogía de Corfú” que narra la vida de su familia en esta isla griega durante los años de entreguerras, después de que su madre, tras enviudar, decidiese trasladarse desde Inglaterra para empezar una nueva vida con sus cuatro hijos. El mayor, se convertiría en el famoso escritor Lawrence Durrell, autor del “Cuarteto de Alejandría”. Color, paisajes maravillosos, animales, diálogos delirantes, humor, emotividad, compañerismo… Una familia peculiar, pero a fin de cuentas una familia. Esta premiada serie británica es de mis últimos descubrimientos y lo tiene todo. Me encanta. Sobre todo el pequeño Milo Parker que interpreta a “Gerry”, Gerald Durrell, autor de esta maravillosa aventura.

9. Volver a ver “Mad Men” y a Mr. Don Draper. La mejor serie de todos los tiempos. Al menos para mi. Después del bombardeo de novedades y plataformas televisivas, necesitaba parar y volver atrás. Y me di cuenta de que hay películas y series que son irrepetibles. El inicio y el final de esta genialidad son para mi insuperables. Grandes diálogos, personajes complejos y redondos, estética y atmósfera a raudales en pleno Manhattan de los años 60.

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 10. La música en directo no puede faltar en todo este periplo del 2019. No hay nada mejor para el espíritu que pegar unos cuantos saltos en un concierto. Lo hice con: “Depedro” y “Vintage Trouble” en la Sala Albéniz de Gijón. Disfruté como nunca con “Alice Wonder” y “La Sonrisa de Julia” en la Salvaje de Oviedo. Me emocioné como una niña al ver a Sophie Auster en la Fábrica de Armas de Oviedo durante las actividades organizadas por la Fundación Princesa de Asturias, mientras sus padres Siri Hustvedt (Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019) y Paul Auster (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006) la aplaudían (¡Aún no me lo puedo creer!!!). Me volví una adolescente viendo a “Viva Suecia” en la Sala Estilo. Y lloré con la interpretación de la banda sonora del Padrino por la Orquesta Oviedo Filarmonía, durante el Homenaje a Nino Rota, en el Auditorio Príncipe Felipe.

Estos han sido algunos de los mejores momentos y desde aquí os animo a todos a seguir viajando. No hace falta irse muy lejos, ni coger un avión y si lo hacéis, no hay mejor compañero que un libro. Os deseo un 2020 lleno de aventuras y que yo os pueda acompañar. El año que viene vendré cargada de un puñado de relatos. Que sí, que ya sé que os debo unos cuantos… ¡Un beso viajeros!

Patricia Bernardo.

 

 

 

Una escena: Cruce de caminos.

Una escena: Cruce de caminos.

Foto:  Anuncio de publicidad de camisas IKE. La Voz de Asturias. Gijón.

 

Después de estar algún tiempo sin publicar, quiero compartir con vosotros mi experiencia en el Master de Creación Literaria que estoy cursando con la Universidad Internacional de Valencia (VIU) a distancia. Es una gran suerte poder aprender de escritores tan enormes como Espido Freide, Nuria Barrios, Violeta Serrano, Vanessa Monfort y Pedro Ángel Palou García. Aún me quedan unos cuantos por conocer… Todo un reto, un esfuerzo también, pero sobre todo, un incentivo enorme a mi creatividad que trama sin cesar. Así que hoy voy a publicar una escena en la que doy vida a un personaje y lo pongo en movimiento. No se si de aquí saldrá algo más o si esta escena se quedará guardada en un cajón, esperando a que la reviva mas adelante, como me pasó en mi primera novela. Pero ésta podría ser la historia de dos mujeres que cruzan su camino una mañana:

 

Charo se despertó con el sabor agridulce de la noche anterior. El reencuentro con su padre la había despojado del armazón de “estoy bien” que la mantenía a salvo. En ese momento sentía que no quedaba nada de la vieja Charo, la que se había subido a un tren desde Madrid para volver a su casa, después de casi un año de ausencia. La distancia había sido mitigada con breves llamadas que rara vez le devolvían algún reproche. Su padre se había mantenido firme en su postura, esa que con el silencio decía más que hablando. Y así se lo encontró al regresar a casa, igual que la última vez que se despidieron, sentado en el mismo sillón, absorto en recuerdos que hacía tiempo no compartía con nadie. Sin embargo, esta vez, sus ojos grises y acuosos, habían mirado a Charo desde su cara chupada diciéndola: “¿Por qué tardaste tanto?”. Al recordar esa imagen sintió cómo el estómago se le revolvía con fuerza. Ella sabía que la enfermedad de su padre no había sido la verdadera razón de su vuelta, sino una excusa para encontrar respuestas.

Afuera, Gijón amanecía y su cama de adolescente olía a la reconfortante humedad del mar. Buscó refugio en el baño, arropada con la chaqueta de lana del día anterior, sintiendo cómo el frío de las baldosas se colaba por sus zapatillas. Al aclararse la cara y mirarse en el espejo, tardó en reconocerse. Su imagen pintaba muy diferente bajo esa luz. Pero después de unos minutos de presentaciones, se familiarizó de nuevo con la Charo de rasgos afilados y ojos color miel… Sonrió al recordar que siempre echaba en cara a su padre haber heredado su nariz aguileña. Él la consolaba diciéndola que, como compensación, había ganado la sonrisa perfecta de su madre. Un nuevo retortijón le revolvió el estómago, como un pellizco malintencionado que le pilla a uno por sorpresa.

“A correr” se dijo, espantando los recuerdos. Sacó la ropa de la maleta aún sin deshacer y se puso sus mallas, una sudadera y zapatillas “running”. Bajó las escaleras de madera con cuidado de no despertar a su padre. Pero él ya estaba en la cocina, desayunando, mientras escuchaba las noticias de la radio.

–Mucho madrugas hija. ¿Dormiste bien? – preguntó al verla.

Charo aspiró el olor a café que salía de la italiana y sonrió con fingida jovialidad (ocultando la ansiedad que la empujaba a escapar).

–¡Dormí de maravilla!  –contestó después de darle un beso en la frente–. Pero ahora me voy a correr un poco.

Su padre arqueó las cejas.

 –¿Con el estómago vacío? –preguntó extrañado.

–Si papa, sino me puede sentar mal. No te preocupes. Volveré en una hora –dijo mientras se recogía el pelo.

–Ten cuidado… –contestó en voz baja, como si hablase para sí, concentrándose de nuevo en su taza de café.

Pero Charo ya se había ido, emprendiendo un suave trote a través del camino empedrado que conducía al puerto. Hinchó sus pulmones y sintió cómo el aire oxigenaba su cabeza, llenándola de tranquilidad, mientras el mar aparecía ante sí cubierto por una luz rojiza esperanzadora.

El día que Martín le dijo que no tenía pensado dejar a su mujer, se encontró de golpe con las sacudidas en el estómago que la dejaban sin aire, las mismas que había sentido cuando su madre murió. Aida le recomendó entonces hacer algo de ejercicio, transmitiendo a su amiga los hábitos saludables que a ella le habían dado resultados. “Correr a sus treinta y cinco años… Ella que se reía de la moda de los “runner” y adoctrinadores de vida sana que la inundaban y aburrían por igual…” pensó. Sin embargo, correr la había salvado. Y ahora se aferraba a ello como una droga. Su mente vagaba libre y caprichosa, conectándose y desconectándose con la realidad.

En esas estaba mientras sonaba en su Spotify “Another Star” de Stevie Wonder, imaginándose en un crucero estilo “Vacaciones en el mar”, cuando se dio cuenta de que se había desviado demasiado de su camino, llegando hacia una zona deshabitada, cerca de una fábrica destartalada. Ya se disponía a dar la vuelta cuando de repente, como salida de la nada, una mujer vestida con una bata, el pelo blanco enmarañado y caminar sonámbulo, se atravesó en su camino, como una oveja descarriada de su rebaño. A punto estuvo de llevársela por delante.

–Señora… ¿Se encuentra bien? –exclamó, parándose en seco mientras se quitaba los cascos.

La mujer, que rondaría los setenta años, la miró con los ojos de una niña que ha perdido a su madre y no sabe qué decir.

–¿Dónde vive? –insistió Charo.

La mujer, abrumada por las preguntas, arrugó su cara en un gesto de dolor y señaló hacía la vieja fábrica.

–Yo…vivo ahí –contestó al fin.

Charo miró el paisaje desolado que las rodeaba. Pero “ahí” no había nada más que escombros y dos mujeres que se habían desviado de su trayecto por diferentes razones.

Estaba claro que la carrera de aquella mañana duraría más de la hora prevista.

Autora: Patricia Bernardo.

Alta fidelidad

Alta fidelidad

Hoy quiero recordar en “Hemingway tenía razón” una película que volví a ver hace unos días, en uno de esos canales que acostumbran a poner buenas películas. Generalmente son antiguas, más por los años que tienen que por otra cosa, porque se podría decir que muchas de ellas son atemporales y permanecen vivas en el tiempo, sin pasar de moda. Esto sucede en TCM un canal que emite cosas buenas, muy buenas, y hace el repaso de carreras de actores, actrices y directores de cine clásico. Uno de esos días en los que estaba enchufada a la televisión, mi antigua, pequeña y vintage televisión (que parece la NASA, con tanto cable y dispositivo conectado para ver todo lo que se puede ver) reapareció: “Alta fidelidad” dirigida por Stephen Frears, uno de mis directores preferidos. Con John Cusack y el gran Jack Black al frente.

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Para los que no la habéis visto: ¡Hacedlo ya! Porque mientras la veía me di cuenta de una cosa: el tiempo había pasado tan deprisa que una de mis pelis favoritas se había convertido en un… ¿clásico?! “¿Habían pasado ya casi veinte años?”, pensé al intentar recordar qué hacía yo por aquél entonces… Sí, ese fue uno de los momentos estrella en los que me dí cuenta de que ya tenía cuarenta y sin saber cómo ni por qué, el tiempo había pasado tan rápido que algunas cosas que antes recordaba con detalle y nitidez, ahora se habían difuminado en mi memoria, obligándome a entornar los ojos como medida de presión, con la esperanza de que me viniese a los labios ese nombre que tenía en la punta de la lengua…  Bla, bla, bla… Olvidaros de todo eso. El tiempo solo importa para no perderlo y ponerse a ello cuanto antes.

“Alta fidelidad” (“High Fidelity”) basa su argumento en una novela con el mismo título, escrita por  Nick Hornby en 1995. Fiel en casi todo, a excepción de que en la novela, el protagonista se llama Rob Fleming y vive en Londres, mientras que en la película se hace llamar Rob Gordon y vive en Chicago.

Diferencias a parte, la historia es la misma: John Cusack interpreta a Rob Gordon, un treintañero melómano y dueño de una tienda de discos de vinilo llamada “Championship Vinile”, donde trabaja con Dick (Todd Louiso) y Barry (Jack Black), dos que, como él cuenta, un día aparecieron en su tienda para ayudarle porque les gustaba la música y desde entonces no faltaron a la cita ni una sola vez. Ya era demasiado tarde para despedirles…

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Los tres entienden la vida a través de la música. Y ésta está presente en toda la película como hilo conductor. Cada momento, cada recuerdo, tiene  nombre de canción. Pero estos  freakes musicales, tienen tan poco éxito en la tienda como con las mujeres.

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Y es precisamente la ruptura de Rob (John Cusack) con su novia Laura (Iben Hjejle) la que da arranque a  la película y hace que su protagonista comience a recordar sus cinco grandes fracasos sentimentales, las cinco novias que le dejaron y mas daño le hicieron, a través  de un diálogo directo y desenfadado con el espectador y sus amigos, acompañado de la gran colección de discos de vinilo con los que vive en su apartamento.

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Esta película no solo es buena por el argumento, que en realidad ya viene dado por la novela, sino por la puesta en escena de John Cusack, que se hace con la película, la música,  la estética y en suma, la dirección que realiza el gran Stephen Frears. Por algo fue nominada al mejor guión adaptado en los Premios BAFTA por el sindicato de guionistas y  Cusack a los Globos de oro como mejor actor en comedia y musical.

Pero lo mejor de todo es, como siempre, que una cosa conduce a otra. Y en este caso “Alta fidelidad” te lleva hasta una gran banda sonora. En ella encontrarás temas míticos de Neil Young, The Clash, The Smiths, Elvis Costello & the Attractions, Chuck Berry, Elvis o Aretta Franflin entre otros artistas…  Así que ya sabéis, mientras tengáis tiempo no lo desperdiciéis y disfrutad. ¡Buen fin de semana amigos!

Patricia Bernardo.

 

Sucedió en Madrid

Sucedió en Madrid

En la vida corriente de las personas ocurren cosas constantemente que lo cambian todo de forma repentina e inesperada. Este es el punto de partida de “La última negociación”: Juan Guerra se enfrenta a un suceso que le hará pararse a reflexionar y replantearse toda su trayectoria vital, emprendiendo un emocionante viaje en busca de la verdad. ¿Será capaz de luchar contra los fantasmas de su pasado sin salir maltrecho?

Cuando miro hacia atrás y me visualizo escribiendo esta novela, veo a una mujer que aún estaba intentando asimilar todos los acontecimientos vitales que la habían llegado a abrumar en aquél entonces, y que solo a través de la creación de una historia, con sus personajes, fue capaz de encajar.

Lo mejor de escribir una novela no sucede cuando la publicas, sino mientras la escribes. Es una aventura que te envuelve y te hace vivir una historia paralela a la tuya. Pero una vez decides compartirla, una vez la entregas a los demás para que la hagan un poco suya, la siguiente aventura comienza cuando charlas con personas que la han leído y te comentan sus impresiones, te hablan de los personajes que has creado como si fuesen de carne y hueso, y te plantean sus dudas o criticas.

A las siete y media de la tarde,  la sala de la librería  “Tipos infames” de Madrid estaba llena de muchos amigos que habían acudido  a saludarme.

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Y eso, es para mí el mayor logro. Porque a fin de cuentas, lo que hace que escribir merezca la pena, es poder compartirla con otras personas y ser capaz de transmitir.

 

 

En una sociedad cada vez más tecnológica, en la que todo sucede a la velocidad del rayo… la vida tiene estos pequeños regalos: a veces nos paramos y observamos.

De esta manera, comenzamos la presentación de Madrid, en una librería, un lugar en el que puedes tocar y oler libros, como a mí me gusta. Leticia Pérez-Lafuente Suárez, periodista cultural, creadora del proyecto “El faro de Hopper” y consultora de comunicación, fue la encargada de hacer de maestra de ceremonias y con la destreza que la caracteriza supo dar en los puntos clave de la “La última negociación”, dando lugar a una entretenida conversación en la que intercambiamos puntos de vista sobre la novela.

 

 

Aquí os dejo esta entrevista improvisada:

LPL: Juan es un hombre que a mí me llega a dar pena, porque dice que no tiene verdaderos amigos, pero sin embargo, es honesto consigo mismo, no culpa al mundo de sus males.

PB: Juan está solo, ha perdido a los referentes más importantes de su vida y esa soledad le hace tener un diálogo consigo mismo, un análisis interior que le obliga a enfrentarse a sus fantasmas. Creo que la soledad es veces necesaria para pararnos a reflexionar y conocernos mejor a nosotros mismos, aunque en el caso de Juan llega a ser una pesadilla.

 LPL: El humo está en tu imagen y también en la portada del libro, y funciona como un símbolo.

PB: Si, la novela está lleva de símbolos. El humo actúa como hilo conductor, lo confunde todo…  Y se va disipando conforme va descendiendo la ansiedad del protagonista y aclarando todas las dudas e incógnitas que se le plantean.

 

Por otro lado, yo quería que la novela formase un todo, que el contenido y la imagen exterior estuviesen relacionados, además de estar presente el arte asturiano. En  este sentido en la imagen de la portada hay un dibujo de dos personas enfrentadas fumando: un hombre y una mujer, con Oviedo de fondo y un tablero de ajedrez, que también tiene protagonismo en la novela. Es una creación de un pintor asturiano desconocido que se llama José Manuel Álvarez Maseda (Instagram: @plisilko). Yo también estoy fumando en la foto de mi biografía, que me hizo otro asturiano que se llama Darío Martínez (Instagram: @dariomartinezr), un gran fotógrafo gijonés. La verdad es que cuando hicimos la sesión de fotos paseando por Oviedo, llovía a cántaros, y en esa fotografía estábamos haciendo un descanso. Nunca imaginé que sería la foto elegida, pero tanto la editorial como yo, lo tuvimos claro.

 

LPL: Es curioso su nombre: Juan Guerra, porque parece ser un hombre de paz o al menos de negociación.

PB: Si, de nuevo aparece la simbología. Juan es un hombre que negocia en su trabajo y lo ejecuta a la perfección. Se ha esforzado mucho en la vida para llegar hasta donde está, sin embargo, Juan está en conflicto consigo mismo. Es un hombre complejo que debe enfrenase a su pasado y a sus errores que le han llevado hasta donde está. De ahí su nombre.

LPL: Me llama la atención que hay un personaje femenino que percibo con rasgos mas masculinos y a Juan con rasgos femeninos. ¿Hay quizás una transferencia de sensibilidades?

PB: Creo que los hombres y las mujeres no somos tan diferentes. Si rascamos un poco lo superficial, a los dos nos preocupan las mismas cosas. Nos enfrentamos a los mismos conflictos vitales, pero los gestionamos emocionalmente de distinta manera. En esta novela se rompen los típicos “clichés” que a mi tan poco me gustan. Evidentemente Juan está creado por una mujer, pero por una mujer que observó muy de cerca y escuchó a los hombres. El personaje femenino al que te refieres, que es Lucía, tiene los rasgos de una persona egoísta, manipuladora y egocéntrica… Conozco a hombres y mujeres por igual que encajan con esa descripción. Cuando se trata de sentimientos… Te puedo asegurar que todos estamos en el mismo barco.

 

 

Como dije en Madrid y allá donde voy, si una novela consigue transmitirte algo en el momento vital que estés pasando, entonces será una buena novela. Así que yo espero que para vosotros “La última negociación” sea una novela buena.

Patricia Bernardo

Puntos de venta “La última negociacion”: Amazon, Madrid, Oviedo, Gijón (Librería “La buena letra”), La Felguera (Asturias), Moreda (Librería Atril), Foz (Galicia)

 

 

Juan Guerra y su peculiar historia llega a Madrid

Juan Guerra y su peculiar historia llega a Madrid

Antonio y Juan, dos viejos amigos llevan años sin hablar. ¿Por qué?

Aquí arranca le clave de este “Noir existencial” porque cuando el muerto habla, el vivo escucha y cambia.  

Este sábado 26, a las 19:30 presento mi primera novela “La última negociación”. Este viaje vital arranca en la Librería Tipos Infames (C/ San Joaquín 3, bajo izquierda) a las 19:30 horas.

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Tras la presentación en Oviedo, Juan Guerra y su peculiar historia llega a Madrid para demostrar que el pasado puede ser un yugo a tu presente hasta que reúnes el coraje para enfrentarte a él.

Detrás de este blog, “Hemingway tenía razón” habito yo. Patricia Bernardo, que tras años como ávida lectora y escritora por placer, acabo de publicar mi primera novela.

Como jurista en la Administración Pública del Principado de Asturias soy una mujer que negocia en un mundo de hombres. Fui consciente de ello al ponerme en la piel de Juan Guerra, el protagonista de esta novela. Un hombre que ha de reunir el valor para enfrentarse a un pasado que ha estado demasiado presente, robándole espacios de tranquilidad.

¿El detonante? Pues siempre hay una chispa que enciende la hoguera. Es la  grabación que contiene este artículo.

Juan se enfrentó a ella en una noche que lo cambió todo. Su viaje vital empieza aquí y espero que tú le acompañes, junto al resto de personajes, hombres y mujeres que buscan una felicidad que aunque no es sencilla, todavía es posible.

Tras años escribiendo relatos y cuentos, surge “La última negociación” (Ediciones Trabe) que desde su presentación en noviembre de 2017, ha estado viajando con todos vosotros a través de los medios de comunicación asturianos: La Nueva España, 18/11/2017 La Nueva España, 18/03/2018 La Nueva España, 07/05/2018

Así que estoy deseando conoceros y que viajéis conmigo, y con “La última negociación”.

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Foto: Dario Martinez.

Patricia Bernardo.

 

 

 

Series que triunfan

Series que triunfan

 

¿Nos aburrimos los mayores con nuestras vidas? ¿O quizás son los jóvenes los que llevan vidas de mayores? Puede que se trate de nostalgia o sea la necesidad de recuperar sentimientos y valores auténticos que se van quedando por el camino cuando crecemos. El caso es que las series protagonizadas por niños y adolescentes están empezando a colarse en la pantalla, captando toda nuestra atención. La frescura de sus personajes y la originalidad de sus guiones, puede que sea una de las causas del triunfo aplastante de “Stranger Things”, una serie estadounidense de ciencia ficción escrita y dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer.

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Las constantes reminiscencias a los años ochenta, con una perfecta caracterización e interpretación de la época y  los guiños a Steven Spielberg o a George Lucas, entre otros, junto con una música maravillosa, hacen que el resultado sea una serie perfecta, apta para todos los públicos. Cuando la vi por primera vez no pude evitar recordar la película de Goonies, y me sentí transportada a otra etapa de mi vida.

Reaparece con toda su fuerza una gran actriz: Winona Ryder, acompañada de David Harbour y los niños: Will (Noah Schnapp), Mike (Finn Wolfhard), Dustin (Gaten Matarazzo), Lucas (Caleb McLaughlin) y la niña con “super poderes” Once (Millie Bobby Brown), amigos indestructibles, inseparables, unidos hasta el final en esta gran aventura.

“Stranger Things” no se llevó en 2017 el Emmy a la mejor serie dramática, pero sí al mejor elenco,  una de sus mejores bazas. Veremos lo que sucede en 2018 con la segunda temporada. Por supuesto detrás de esta genialidad está en la coproducción y distribución Netflix, un canal que amenaza con quitarle el protagonismo al siempre presente HBO. Aunque éste no se queda corto, y nos ofrece esta temporada, como siempre, series de calidad y artistas de primera línea. Quizás en eso se diferencia Netflix de HBO, en que sus series triunfan con apuestas mas arriesgadas. Pero en cualquier caso, parece que han llegado a una especie de pacto para repartirse el pastel, con HBO a la cabeza claro está, no nos olvidemos de que las mejores series de la historia como “Los Soprano”, “Mad Men” o “Juego de Tronos” están con la gran HBO y que las ganadoras de los premios Emmy de 2017: “The Hand Maid Tale” y “Big Little Lies”, entre otras muchas, son de este canal.

Pero seguimos repasando las novedades, y también lo hacemos con Netflix. En este caso con “Dark”, una serie alemana co-creada por Baran bo Odar y Jantje Friese, con una estética totalmente distinta, menos colorista, más gris, pero no por ello menos atractiva.

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Los mas jóvenes son los que protagonizan la historia que envuelve a esta misteriosa y dramática serie. Jóvenes que conviven con mayores que parecen no ser tan responsables como cabía esperar. Y detrás de todo ello, el famoso tema del viaje en el tiempo, con idas y venidas al pasado, al futuro… Por supuesto, los idealizados ochenta vuelven a estar presentes. Originalidad y diferencia una vez mas, de la mano de Netflix, que apuesta por primera vez por una serie alemana y gana. Toda mi admiración por las sabios retos y aventuras en los que se zambulle este canal, marcando la diferencia y encontrando su sitio.

Pero la serie mas  reciente e irreverente se llama “The end of de F*** ing world”, comedia británica con un toque dramático, creada por el británico Jonathan Entwistle en 2017, como adaptación de la novela gráfica homónima de Charles S. Forsman.

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Aquí rompemos los moldes y vamos directos grano de la mano del psicopático James y de la alocada e impertinente Alyssa. Dos adolescentes que no encuentran su lugar en el mundo, cada uno por diferentes motivos. Y así, de esta forma, se lanzan a vivir una aventura en la carretera, a lo Bonny adn Clyde, al ritmo de una banda sonora que no pasa desapercibida porque es de un gusto exquisito.

Nuevamente Netflix arriesga y gana. Los actores protagonistas: Alex Lawther y Jessica Barden, van a da mucho que hablar en la pequeña y gran pantalla, de eso estoy completamente segura. Alex Lawther es para mi el nuevo Edward Norton. No los perdáis de vista…

Y para los que seáis fans de “Bing Bang”, os recomiendo otra gran ocurrencia, en este del guionista y productor Chuck Lorre, la comedia “El Joven Sheldon”, cuya cadena no es ni Netflix,  ni HBO, sino la CBS. Tengo que decir que esta última me encanta porque los diálogos, con la voz de fondo del inigualable Jim Parsons, te arrancan una carcajada a la primera de cambio y los actores son buenísimos. Desde el protagonista Iain Armitage, pasando por sus hermanos, su moderna y gamberra abuela, devota madre y escéptico padre. Larga vida a Chuck Lorre, que nos ha dado guiones tan buenos como los de “Big Bang” o “Dos hombres y medio”.

Así pues, bienvenidos al mundo de las series de jóvenes o de las jóvenes series que llenan las pantallas de televisión. Espero que las disfrutéis en estos días tan fríos. Buena semana viajeros!

Autora: Patricia Bernardo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Viajando a través de la vida: La última negociación

Viajando a través de la vida: La última negociación

“La literatura de da una forma intensificada de vida, hace que la vida sea tu tema. Cura tu desesperanza” Richard Ford.

Cuando decidí publicar La última negociación no imaginaba que tendría esta acogida, ni que la primera edición estaría a punto de agotarse. En realidad, se trataba de asomarme un poco y ver cómo funcionaba, de cumplir un sueño. Y así fue que el viernes 17 de noviembre de 2017, día en que presenté la novela en el Club de Prensa de la Nueva España de Oviedo, me di cuenta de las muchas personas que me apoyan y a las que consigo transmitir algo.

Acompañada de amigos, familiares y de dos grandes como Julio Carbajo (profesor de la Universidad de Oviedo y amigo) que hizo la presentación, y Javier Vallina (Bueno), músico y amigo, que me acompañó en la lectura de varios párrafos con sus dos temas: “Perros, santos y refranes” y “De cartón”, creo que disfruté del momento más feliz de mi vida.

 

Si ese “algo”  también lo consigo transmitir con La última negociación, si con ella consigo aportaros algo, removeros por dentro, haceros reir, emocionaros o sencillamente entreteneros, entonces será una buena novela.

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Muchos me preguntáis de qué va La última negociación o de “qué estilo es”. Complicado resumirlo o encajarla en una categoría concreta. A mi gusta de decir, que trata sobre la vida de las personas. Al igual que mis escritores de referencia como Richard Ford, Hemingway, Scott Fidgerald o Truman Capote, quería hablar sobre ese tema que me fascina.

Juan Guerra, afamado abogado laboralista de Oviedo, hombre solitario de mediana edad, afronta la pérdida de los pocos referentes que le quedan con amargo cinismo. Incapaz de olvidar a Lucía, la mujer de Antonio, su mejor amigo, y de perdonarse, mira a su futuro con profundo pesimismo. Pero el inesperado regreso de Lucía hace que su vida dé un giro sorprendente, al verse involucrado en una investigación improvisada que le llevará hasta Madrid. En su viaje no estará solo, le acompañarán diferentes personajes que enriquecerán su monótona vida de abogado.

Y es que, en la vida corriente de las personas suceden cosas de forma repentina e inesperada. Y a veces, es necesario que los acontecimientos se precipiten para que podamos tomar conciencia de nosotros mismos.

Yo creo que el protagonista y todos los personajes que lo acompañan son una especie de “antihéroes” con los que cualquiera de nosotros podemos simpatizar. Porque casi todos nos hemos hecho las mismas preguntas que ellos o hemos tenido esos conflictos interiores a los que se enfrentan: el debate entre la moral, la ética y la felicidad. Buscar un sentido a nuestras vidas ajeno a los dictados de la sociedad. Y sobre todo: encontrarnos a nosotros mismos.

Pese a tener su vida profesional resuelta, todos tienen un pasado complejo y una gran carga emocional. Han cometido errores, pero luchan por encontrar su lugar en el mundo y ser felices. Buscan una felicidad no estereotipada, mucho mas complicada y difícil de alcanzar, mucho mas auténtica, o idealizada si se prefiere. Todo ello mezclado con algo misterio y, por qué no, de amor como elemento sanador de cualquier contratiempo en nuestras vidas. Con mi ciudad: Oviedo, como escenario principal y también Madrid, aunque de una forma menos protagonista.

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Cuando empecé a escribir esta novela ni siquiera sabía que acabaría siéndolo. Todo comenzó como un pequeño relato inspirado en una negociación sindical.

Lo escribí en el año 2007 y lo guardé, al igual que otros muchos, en mi ordenador. Hasta que en el 2011 conocí a una persona que se interesó por lo que había escrito, y al buscar entre los relatos que le iba a enviar, descubrí éste y decidí continuar. Eso me hizo darme cuenta del papel fundamental que puede llegar a jugar en tu vida las personas que se cruzan por casualidad: ¿quizá la vida las coloca ahí para enseñarte algo? El caso es que después de muchas noches, cafés y cigarrillos, y alguien que me escuchaba, en el verano de 2013 terminé lo que podía ser una novela. No sabía qué hacer con ella… Y a partir de ahí empezó un largo y complejo proceso: el de la edición y corrección. Es un trabajo difícil, sobre todo para alguien que no se dedica a este mundo y tiene otra profesión. Yo me movía como pez en el agua en el mundo de la Administración Pública, donde trabajo como jurista desde hace muchos años, pero esto era otra cosa.

Para mi escribir es una pasión, lo llevo haciendo desde siempre, forma parte de mí y es casi una necesidad que surge como forma de expresión. Pero no sabía que todo el proceso de publicación sería tan laborioso. Aunque la novela está editada por Trabe (una editorial asturiana), opté por mantener todos los derechos de edición y distribución sobre mi obra, lo que supone un reto (de esos que tanto me gustan). Me involucré mucho en la creación de la portada y en la realización de la fotografía de mi biografía porque quería que la novela fuese un todo coherente, que nada mas verla te evocase su contenido.

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La portada fue  obra de Jose Manuel Maseda, un pintor asturiano seguramente desconocido para muchos, y la foto de mi biografía es de otro asturiano: Darío Martínez. Me hacía mucha ilusión que el arte asturiano estuviese presente y lo conseguí. A todo ello se suma la música que me acompañó en la presentación de Javi Vallina (Bueno) y que ya casi se puede decir, que se une al elenco de la banda sonora de la novela, donde por supuesto, también hay mucha música y cine.

Ha sido una aventura y tengo que confesar que me lo pasé muy bien, creando los diálogos entre los personajes y metiéndolos en todo tipo de lios.

Muchas puertas se cierran sin tan siquiera conocer lo que has hecho, sin escuchar lo que tienes que decir. Pero por fin llegó este momento, y aunque siento nostalgia al mirar atrás porque ha sido la época mas vibrante de mi vida, ahora miro emocionada al futuro, porque lo que me está pasando, es igual de importante: puedo conectar a través de la historia de la Ultima negociación con muchas personas. Y ese, es el mayor regalo. Y aquí seguiré en este pequeño espacio llamado Hemingway tenía razón, creando y compartiendo todo lo que me inspira lo que veo y observo, ya sea en forma de cuento, relato o de una de “mis cosas”, y por supuesto, trabajando en mi próxima novela. Esto no es una puerta que se cierra, es una gran puerta que se abre y me conduce a lo que estoy segura, será una nueva etapa.

Ahora mismo La última negociación  está disponible en varias librerías de Oviedo: Cervantes, Santa Teresa y Maribel, y en Gijón: en La Buena Letra, donde estaré este viernes día 1 de diciembre a las 20:00  haciendo otra presentación. Y dentro de unas semanas, antes de Navidad, podréis disponer de ella en Amazon.

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Seguiré haciendo presentaciones en otros lugares importantes para mí, intentando que ese todo: literatura y música, sigan juntas, pero eso viajeros, ya será en el 2018. Ahora, solo os doy las gracias y os invito a que os hagáis con La última negociación. Si además os interesa conocer todo lo que la rodea, os animo a que os deis un paseo por la web de Bueno

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Muchisimas gracias de todo corazón! ¡Os veo en La Buena Letra de Gijón este viernes 1 de diciembre a las 20:00! O paseando por las calles de Oviedo…

Patricia Bernardo.