Hay autores, guionistas y artistas, que son capaces de crear un pequeño universo a través de sus obras, conectándolas de tal manera que forman un todo indisoluble. Cuando esto sucede surge la magia, esa luz atrayente que te incita a seguir leyendo, escuchando o mirando. Este fenómeno es el que ha hecho que hoy escriba sobre Dominick Dunne. O mas bien, sobre el universo de Dominick Dunne.

Todo empezó de la mano de una palabra y un título: “Las dos señoras Grenville” –Te la recomiendo, es una novela deliciosa–. Siempre me gustó la palabra “delicia”. Pero también se sumaba la editorial: Libros Asteroide, buen gusto a raudales. La ambientación en Nueva York, así como ese aire a Scott Fitzgerald o Truman Tapone. Con todos esos ingredientes me lancé de a leer esta historia que duró en mis manos una semana escasa.

Las “Dos señoras Grenville” trata sobre un tema que ha existido y existirá siempre: el deseo de ascender socialmente. De “ser alguien”, dentro de un mundo que a su protagonista, la bella Ann Arden, le resulta inalcanzable, fascinante. Cuando Ann, una corista de procedencia humilde que trata de ser actriz, conoce Billy Grenville, el heredero de una de las fortunas mas importantes de Nueva York, no duda en utilizar todas sus armas para convertirse en una de las dos señoras Grenville. La otra, la matriarca Alice Grenville, será el contrapunto de esta historia de intrigas, en la que, por supuesto, habrá un asesinato por desemascarar, sexo, glamour, pasión, arte y mucha, mucha vida. Todo este cocktail consigue agitarlo Dominicke Dunne, sin perder ni una pizca de elegancia. Introduciendo personajes muy potentes que aparecerán en las siguientes novelas como secundarios. Tal es el caso de Basil Plant, un escritor de “best sellers”, Lonny Edge, un chapero de lujo o Sims Lord, un oscuro y atractivo abogado asesor de gente poderosa, entre otros.

Todo esto lo descubrí después de leer “Una temporada en el purgatorio”. Para mi, su mejor novela. En ella, de nuevo nos encontramos con un asesinato encubierto, con la constante lucha de clases entre las grandes familias norteamericanas y las que pretenden abrirse paso después de haber ganado una fortuna. Una vez mas, Dunne sigue presente en sus orígenes irlandeses, los mismos que los de los Bradley, familia que inevitablemente recuerda a los Kennedy. También la bisexualidad, es una sombra recurrente que siempre pulula entre los personajes de sus obras. Más en este caso, en el que el protagonista, Harrison Burns, un chico inteligente que gracias a sus méritos accede a uno de los colegios mas prestigiosos de Estados Unidos, se enamora platónicamente de Constant Bradley, un atractivo y rico joven, cuyo poderoso padre, Gerald Bradley aspira a que se convierta en Presidente de los Estados Unidos. Basada en el asesinato sin resolver de una chica de quince años, supuestamente a manos de un primo de los Kennedy, esta novela no te deja indiferente de ninguna manera. Te absorbe. Todos los personajes son increíbles. Todos son víctimas de sí mismos y de sus circunstancias. Todos ansían contar su propia historia. Mi favorito: Kitty Bradley, la pequeña del clan Bradley.

Dunne tiene algo que hacía tiempo no saboreaba: la perfecta combinación de una trama trepidante protagonizada por personajes complejos y decadentes, a los que consigues odiar o amar. El ritmo, la agilidad en los diálogos y sobre todo la sencillez, que a veces recuerda a un guion de cine o a una de sus crónicas sociales.

No es de extrañar. Él también sigue siendo, tras su muerte, un personaje muy atractivo que irremediablemente acaba convirtiéndose en protagonista. Su vida comenzó en el mundo de la televisión en Nueva York, pero después, se pasaría al cine en Hollywood, donde conocería a grandes estrellas y sería productor. De ello daría cuenta años después cuando abandona la meca por sus problemas de adicción, en “Una mujer inoportuna”, desarrollada en la luminosa ciudad de Los Ángeles. En esta obra nos muestra toda una fauna de personajes que se mueven en el resbaladizo terreno de las apariencias del mundo del cine, con la figura del escritor y el periodista chismoso acechando. Así como esa constante diferencia de clases “angelina”, en la que ni siquiera la fama o el dinero son capaces de salvar la posición. Aquí aparece otro personaje encantador, que es Flo March. Una impresionante pelirroja, camarera y aspirante a actriz en Hollywood, que sin proponérselo se convierte en la amante de un poderoso y rico hombre: Jules Mendelson, que a su vez parece llevar una vida perfecta al lado de su esposa, la refinada Pauline.

Dunne pone de manifiesto que sabe de lo que habla, que conoce la psicología de los personajes, unas veces elegantes, otras sórdidos, otras encantadoras y otras, todas esas cosas a la vez. Recordándonos que las diferencias económicas y de posición nunca llegarán a separarnos lo suficiente cuando se trata de las pasiones humanas. Tampoco se le olvida, como buen periodista y guionista, la importancia de contar una historia, bien armada y construida. Dunne te atrapa con sus cantos de sirena, sin perder ni ápice de swing.

La lucha por la justicia y la verdad que prevalece sobre el dinero o la posición, es otro de los temas permanentes, que tiene mucho que ver con el drama familiar vivido por el autor, al ser asesinada su hija Dominique, actriz en la película Poltergueist, a manos de su ex pareja, con tan solo veintidós años. Y esa necesidad de buscar y relatar la verdad, de luchar contra las injusticias frente al poder, fue quizás el detonante que dió lugar a que este gran escritor, se convertirtiese en cronista del Vanity Fair, primero para hablar sobre el asesinato de su hija y después para acabar iniciando una columna de cotilleos sobre la alta sociedad o procesos judiciales tan controvertidos como el de O. J Simpson.

Dunne, fue además el hermano mayor del también escritor de la revista Time y guionista, John Gregory Dunne, casado con la escritora y editora del Vogue Joan Didión. Ambos, Gregory y Joan, fueron una pareja fascinante. Llegaron a escribir mano a mano una columna en el Saturday Evening Post.

Sin duda, Dominick Dunne fue alguien digno de una película. De hecho, existe, porque en 2002, el director Barry Avrich lanzó un documental no autorizado sobre Dunne llamado “Guilty Pleasure”. Y posteriormente una película, estrenada mundialmente.

Un gran creador que permanece entre nosotros gracias a su unvierso literario y que desde aquí os recomiendo que descubráis. No os vais a arrepentir. Eso si, espero que luego me lo contéis.

Buen viaje.

Foto extraída de: latimes.com

© 2020. Patricia Bernardo Delgado.

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